Resumen.
Ante la necesidad de un cambio radical, la mayoría de los directivos responden de forma predecible. Reforman la estrategia de la organización y, luego, detienen al grupo habitual de sospechosos (personas, salarios y procesos) que cambian de tema al personal, realinean los incentivos y eliminan las ineficiencias. Luego esperan pacientemente a que el rendimiento mejore, solo para quedar amargamente decepcionados. Por alguna razón, todavía no suceden las cosas correctas.