El mundo organizacional está repleto de comentarios sobre la cultura corporativa, y por una buena razón. La cultura se ha convertido en una forma poderosa de mantener unida a una empresa contra una oleada de presiones a favor de la desintegración, como la descentralización, la reducción de capas y la reducción de personal. Al mismo tiempo, los mecanismos tradicionales de integración (jerarquías y sistemas de control, entre otros dispositivos) están resultando costosos e ineficaces.