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Resumen.
Cuando Larry Culp asumió el cargo de CEO de General Electric en octubre de 2018, se convirtió en la primera persona ajena a la empresa en dirigirla en sus 126 años de historia. Heredó una crisis que parecía irremediable. Las acciones de GE se habían desplomado, con una caída del 45 % en 2017 y otro 58 % en 2018. La carga de deuda de la empresa superaba con creces su capitalización bursátil, y su calificación crediticia se deslizaba hacia el nivel de «basura». La corporación que en el año 2000 tenía un valor de 594 000 millones de dólares, lo que la convertía en la empresa más valiosa del mundo, se había convertido, según la mayoría de las opiniones de Wall Street, en un colapso a cámara lenta.