
Cecilia Castelli
Resumen.
En Estados Unidos y en muchas otras partes del mundo, por fin estamos entablando conversaciones de fondo sobre un tema antaño intocable: el privilegio del hombre blanco. Los movimientos #MeToo y Black Lives Matter, así como las desigualdades sistémicas puestas al descubierto por la pandemia del Covid-19, han obligado a las personas en posiciones de poder -es decir, los hombres blancos que dominan los puestos de liderazgo en las instituciones públicas y privadas- a darse cuenta de que deben dar un paso al frente si hay alguna esperanza de hacer que las organizaciones sean más diversas, justas e inclusivas.