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Cómo diseñar una organización ética

Steven Derks   

Resumen.   

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Desde el fiasco de las emisiones de Volkswagen hasta las prácticas de venta engañosas de Wells Fargo, pasando por las intrusiones en la privacidad de Uber, las malas prácticas corporativas son una realidad continua en los negocios mundiales. El comportamiento poco ético se cobra un peaje importante en las organizaciones al dañar la reputación, perjudicar la moral de los empleados y aumentar los costes regulatorios, por no mencionar el daño más amplio a la confianza general de la sociedad en las empresas. Pocos ejecutivos se proponen conseguir ventajas infringiendo las normas, y la mayoría de las empresas cuentan con programas para prevenir las malas prácticas a todos los niveles. Sin embargo, los escándalos recurrentes demuestran que podríamos hacerlo mejor.

A version of this article appeared in the Mayo-Junio 2019 issue of Harvard Business Review.

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