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Transparencia operativa

Stephen Lewis   

Resumen.   

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El Barclays Bank instaló a bombo y platillo el primer cajero automático del mundo que tuvo éxito en junio de 1967. Hacer que una máquina distribuyera el efectivo era menos costoso y más eficaz que hacerlo un cajero humano. Además, los clientes podían acceder al cajero a cualquier hora, incluso cuando el banco estaba cerrado. Parecía una solución beneficiosa para todos y los cajeros automáticos se extendieron rápidamente por todo el mundo. Hoy en día, la gente tiene tres veces más probabilidades de sacar dinero de un cajero automático que de un cajero humano.

A version of this article appeared in the Marzo-Abril 2019 issue of Harvard Business Review.

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