Todos sabemos que la curiosidad es la chispa que puede conducir a una innovación revolucionaria. Y resulta que ayuda a producir algo más que nuevas ideas. Una investigación reciente de Francesca Gino, de la Harvard Business School, señala varios beneficios sorprendentemente prácticos para las empresas: La curiosidad mejora la toma de decisiones porque reduce nuestra susceptibilidad a los estereotipos y al sesgo de confirmación; alimenta el compromiso y la colaboración de los empleados; y fortalece la resistencia organizativa al prompt la resolución creativa de problemas frente a la incertidumbre y la presión. En resumen, la curiosidad impulsa el rendimiento empresarial.