Las exigencias y la complejidad de dirigir una empresa son alucinantes. Un CEO supervisa tanto las agendas funcionales como las de las unidades de negocio y responde ante una multitud de mandantes: accionistas, clientes, empleados, el consejo de administración, los medios de comunicación, el gobierno y la comunidad. Y como los CEO no son robots, también necesitan hacer un hueco para la familia, los amigos, el ejercicio y otros intereses ajenos al trabajo. No hay suficientes horas en el día.