
Resumen.
Cuando empiece a dirigir un nuevo equipo, uno de sus primeros imperativos será evaluar el calibre del talento que va a heredar. Como mínimo, querrá centrarse en tres dimensiones: (1) Competencia - ¿Cumple cada individuo las exigencias de competencia de su función? (2) Motivación - ¿Posee cada miembro del equipo el empuje necesario y la voluntad de aprender nuevas capacidades según sea necesario? (3) Don de gentes - ¿Es capaz cada persona de establecer relaciones de trabajo constructivas con sus colegas y con usted? Los que sobresalen en estos criterios son sus jugadores A, sus destacados. Los colaboradores fuertes pero no excepcionales son sus jugadores B. Y los pocos que quedan por debajo de las expectativas en uno o más de estos criterios son sus jugadores C.