Resumen.
Pocas cuestiones son más fundamentales para impulsar mejoras en la salud humana que la creación de relaciones productivas y progresistas entre la medicina clínica y la industria biofarmacéutica. Los grandes problemas de salud pública a los que se enfrenta hoy la humanidad -como la enfermedad de Alzheimer, el cáncer y las enfermedades metabólicas e infecciosas- no se resolverán con ninguno de los dos sectores trabajando en silo. Pero la interfaz entre ambos nunca ha sido tan tensa. Las preocupaciones legítimas sobre los conflictos de intereses que han dado lugar a políticas preventivas demasiado extremas son una causa central. Es hora de que todas las partes revisen esas políticas y las sustituyan por normas que reconozcan tanto los verdaderos conflictos como las verdaderas confluencias de intereses. Son esenciales para forjar las colaboraciones sólidas que merecen la confianza de la sociedad.