
Bruce Peterson
Resumen.
En un mundo perfecto, los inversores, los miembros de los consejos de administración y los ejecutivos tendrían plena confianza en las declaraciones financieras de las empresas. Podrían confiar en las cifras para hacer estimaciones inteligentes de la magnitud, el calendario y la incertidumbre de los flujos de caja futuros y juzgar si la estimación de valor resultante estaba representada de forma justa en el precio actual de las acciones. Y podrían tomar decisiones acertadas sobre si invertir o adquirir una empresa, fomentando así la asignación eficiente del capital.