
Las organizaciones de todo tipo llevan mucho tiempo luchando por medir con precisión el rendimiento de los miembros individuales. El enfoque típico consiste en evaluar el rendimiento de un individuo en función de una métrica generalmente vinculada a si realizó o no una tarea y a la cantidad de producción que generó al hacerlo. Hay mucho en juego en estas evaluaciones: todo, desde los aumentos de remuneración y los pagos de primas hasta los ascensos. Y como sabe cualquiera que haya dado o recibido alguna vez una evaluación tradicional del rendimiento, este proceso puede ser muy subjetivo, incluso en las organizaciones más obsesionadas por las métricas.