En general, las empresas no dedican suficiente tiempo a pensar en la captura de valor. Sus esfuerzos de innovación tienden a centrarse totalmente en la creación de nuevo valor; mientras tanto, la cuestión de cómo se les compensará exactamente por ello no suele examinarse. ¿A qué se debe? Una razón típica es que los altos ejecutivos no han conseguido aclarar algo aún más fundamental: qué grado de prioridad conceden al aumento de los márgenes de beneficio.