Resumen.
En un día libre, echarse una siesta es un placer pequeño pero celestial. Dormir en su escritorio no lo es, especialmente si un colega lo encuentra, pero a veces el agotamiento se apodera. La encuesta Sleep in America de 2008, realizada por la Fundación Nacional del Sueño, reveló que casi un tercio de los adultos que trabajan al menos 30 horas a la semana se duermen o se quedan muy somnolientos en el trabajo, un comportamiento que los empleadores suelen desaprobar. ¿Deberían relajarse? Quizás. En una economía basada en el conocimiento que depende de una mente aguda, unos minutos de sueño podrían ser buenos para los negocios.