Resumen.
Los contratos están diseñados para reforzar la confianza y reducir el riesgo. Lamentablemente, cuando son demasiado detallados o rígidos, o cuando envían señales contradictorias, pueden agravar los mismos problemas que se supone que deben prevenir. En un momento en que la confianza ya escasea, los directivos no pueden darse el lujo de cometer estos errores.