Resumen.
Durante la última década, los directores y ejecutivos de empresas públicas se han visto cada vez más bajo el escrutinio de los gestores de fondos de capital privado, especialmente a medida que las adquisiciones de dichos fondos han llegado a implicar a firmas con una capitalización bursátil superior a los 20 000 millones de dólares. Para algunas empresas que cotizan en bolsa, esta mirada ha sido bienvenida. Se han hecho fortunas individuales en acuerdos para convertir empresas en privadas. Sin embargo, para la mayoría de las empresas que cotizan en bolsa, las enormes rentabilidades de unos pocos fondos de capital privado han supuesto un desafío para sus propios directores y ejecutivos. Si el capital privado puede obtener ese tipo de rendimiento de una empresa, ¿por qué no pueden?