Resumen.
Durante años, «abastecimiento» ha sido solo otra palabra para las adquisiciones, una función corporativa importante desde el punto de vista financiero, pero estratégicamente periférica. Ahora, la globalización, ayudada por la rápida innovación tecnológica, está cambiando la base de la competencia. Ya no es de una empresa propiedad de las capacidades que importan, sino más bien su capacidad de controlar y aprovechar al máximo lo crítico capacidades, residan o no en el balance de la empresa. La subcontratación se está volviendo tan sofisticada que incluso las funciones principales, como la ingeniería, la I+D, la fabricación y el marketing, pueden (y a menudo deberían) trasladarse al exterior. Y eso, a su vez, está cambiando la forma en que las empresas piensan sobre sus organizaciones, sus cadenas de valor y sus posiciones competitivas.