Resumen.
En su libro Clinton y yo, el humorista a sueldo Mark Katz describe la aversión del expresidente a usar un temporizador de huevos como utilería durante un discurso. Fue en enero de 1995 y Clinton estaba recibiendo críticas por sus discursos ventosos, sobre todo por un reciente discurso sobre el estado de la Unión, que duró 81 minutos. Katz, a la que se encargaba de escribir los discursos humorísticos anuales del presidente para la prensa, quería que Clinton subiera al podio, sacara el temporizador de huevos y lo pusiera para cinco minutos antes de hablar. Se suponía que el presidente lo restablecería periódicamente a lo largo de su presentación.