Soy un gerente blando. A diferencia de los líderes clásicos de las leyendas empresariales, con su enorme confianza en sí mismos, su tenacidad inquebrantable y sus vidas duras y solitarias en la cúspide, intento ser vulnerable a las críticas, hago todo lo que puedo para ser indeciso y aprecio mi parte justa de la fragilidad humana. Pero al igual que ellos, yo también me he esforzado por dominar mi estilo de gestión y, en general, creo que se compara favorablemente con el de ellos.