Las grandes empresas han caído en desgracia. Ahora se da por sentado que las mismas características que apuntalaron su éxito (escala, estabilidad, consistencia) son obstáculos para competir en los acelerados mercados actuales. Para evitar verse desplazadas por pequeñas empresas advenedizas, se piensa que las grandes empresas tendrán que aprender a imitar a esas empresas advenedizas. Deben, en palabras de Gary Hamel, «meter a Silicon Valley dentro» o morirán.