La reunión semanal de la alta dirección acababa de empezar. Jane Wellington, fundadora y directora ejecutiva de Wellington Associates, una empresa dedicada a analizar la industria de la alta tecnología, había ocupado su puesto. Estaba sacando su copia de la agenda cuando Elvin Cusack, director de recursos humanos, levantó un dedo en el aire. «No quiero desviar la reunión ni siquiera antes de que comience, pero tenemos un problema del que creo que todos deberían enterarse más pronto que tarde», dijo.